No, no voy a hacer una reseña al uso del libro. Las que me conocéis, sabéis el respeto que le tengo, y que me lo pongo al lado de la cama para leer unos párrafos por la noche, es mi biblia. En los tiempos que corren, todas las mujeres deberían tener un libro así en la mesita. Y para las que aún no lo habéis leído o lo encontráis demasiado denso al principio, os dejo esta parte que es casi una oración. Dedicado especialmente a las mujeres de mi círculo, y en particular a Verónica, por recordarme a la madre nutricia que llevamos dentro:

Reconozcámoslo. Nosotras las mujeres estamos construyendo una madre patria; cada una con su propia parcela de terreno arrancada a de los sueños nocturnos o de un día de trabajo. Y extendemos poco a poco esta parcela en círculos cada vez más amplios. Algún día será una tierra ininterrumpida, una tierra resucitada procedente del país de los muertos. El Mundo de la Madre, el mundo materno psíquico, coexistirá con todos los demás mundos en condiciones de igualdad. Y lo estamos creando con nuestras vidas, nuestros gritos, nuestras risas y nuestros huesos. Es un mundo que merece la pena crear y en el que merece la pena vivir, un mundo en el que predomina una honrada y salvaje sensatez. 

[...]

Las mujeres no pueden sustraerse a esta obligación. Si tiene que haber un cambio, debemos protagonizarlo nosotras. [...] Si tiene que haber un cambio interior, debe llevarlo a cabo cada mujer individualmente. Si ha de haber un cambio mundial, nosotras las mujeres tenemos nuestra propia manera de contribuir a hacerlo realidad. [...] 

Por consiguiente, si estás a punto de soltarte y de correr un riesgo y te atreves a comportarte en contra de las normas establecidas, excava los huesos que se encuentran a la mayor profundidad posible y haz que fructifiquen los aspectos salvajes y naturales de las mujeres, la vida, los hombres, los niños, la tierra. Utiliza el amor y los mejores instintos para saber cuándo tienes que gruñir, golpear, atacar y matar, cuándo tienes que retirarte y cuándo tienes que aullar hasta el amanecer. Para vivir lo más cerca posible de lo salvaje numinoso, una mujer tiene que agitar un poco más la cabeza, desbordarse un poco más, tener más olfato, más vida creativa, más capacidad de “ensuciarse”, tener más compañía femenina, vivir una existencia más natural, tener más fuego y espíritu, saber cocinar mejor las palabras y las ideas. Tiene que reconocer mejor a sus hermanas, sembrar más, hacer acopio de raíces, ser más amable con los hombres, hacer más revolución de vecindario, crear más poesía, pintar más fábulas y hechos, ahondar más en lo femenino salvaje. Tiene que crear más círculos de costura terroristas y aullar más. [...]

Todas podemos [...] exhibir con orgullo las heridas de guerra de nuestra época, escribir nuestros secretos en las paredes, negarnos a sentir vergüenza, encabezar la marcha de la liberación. No malgastemos nuestra energía en la cólera. Dejemos, por el contrario, que ésta aumente nuestro poder. Y, por encima de todo, seamos astutas y utilicemos nuestro ingenio femenino. 

[...] Salgamos de donde quiera que estemos escondidas. Dejemos profundas huellas, pues podemos hacerlo.

Desde un punto de vista antropológico, el interés fundamental del libro reside en cómo Pinkola-Estés le da la vuelta a los arquetipos clásicos femeninos y convierte la escoba, la aguja y el caldero en símbolos de lo sagrado femenino. Pues el poder que tiene una mujer en el hogar, no lo tiene ningún hombre en el campo de batalla.